Los resultados de un reciente estudio sobre parejas con muchos años de matrimonio otorgan
un nuevo significado a la parte de las promesas nupciales que especifica "en la salud y en
la enfermedad". En esta investigación se ha comprobado que el cónyuge ejerce un efecto
mucho mayor de lo que se pensaba en la salud de su pareja.
El estudio revela una estrecha relación entre la salud física y el bienestar emocional en
las parejas con muchos años de convivencia conyugal, y proporciona datos nuevos e
importantes sobre el efecto psicológico de las limitaciones físicas en la vejez.
Un equipo de investigadores de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá) y la
Universidad Estatal de Pensilvania (Estados Unidos) realizó un seguimiento del historial de
salud física y bienestar emocional de más de 1.700 parejas maduras durante un período
de 15 años. Los participantes tenían edades comprendidas entre los 76 y los 90 años, y
bastantes habían estado casados durante más de 40 años.
Tanto en individuos como en parejas, los investigadores encontraron una fuerte relación
entre los síntomas de depresión (tristeza, sensación de soledad y desasosiego) y las
limitaciones funcionales (la incapacidad física para realizar tareas básicas como subir
escaleras, levantar objetos, cocinar y hacer la compra doméstica). Aunque en estudios
anteriores se había relacionado la salud física con el bienestar emocional en individuos, éste
es el primer estudio que muestra el fenómeno en parejas.
El equipo de la psicóloga Christiane Hoppmann constató que los síntomas depresivos
de los cónyuges fluctuaban en estrecha relación con los de sus parejas. Las limitaciones
funcionales de uno de los cónyuges no sólo influían en sus propios síntomas depresivos,
sino también en los síntomas depresivos del otro cónyuge. El aumento en los síntomas
depresivos de uno de los cónyuges también solía estar asociado con una mayor limitación
funcional en ambos cónyuges.
Cuando las personas están deprimidas, tienden a preferir quedarse en casa. Si en un
matrimonio uno de los cónyuges se comporta así, su actitud hace que el otro cónyuge
también se quede más tiempo en casa. Eso es un problema, porque cuando los ancianos
dejan de estar activos, como por ejemplo dejando de salir a pasear, de hacer compras
domésticas, y de visitar amistades o socializarse de otras maneras, aumenta mucho su
riesgo de perder las capacidades funcionales que les permiten hacer esas cosas.
Sorprendentemente, el equipo de investigación encontró que la relación entre los síntomas
depresivos era un poco más fuerte en las parejas que en algunos individuos, lo cual sugiere
que la salud física o mental de un cónyuge puede tener en algunos casos un mayor impacto
sobre la salud de su pareja que en la suya propia.